jueves, 11 de octubre de 2012

El Año de la fe que hoy inauguramos...

SANTA MISA PARA LA APERTURA DEL AÑO DE LA FE
HOMILÍA DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI

Plaza de San Pedro
Jueves 11 de octubre de 2012

Venerables hermanos,
queridos hermanos y hermanas

Hoy, con gran alegría, a los 50 años de la apertura del Concilio Ecuménico Vaticano II, damos inicio al Año de la fe. Me complace saludar a todos, en particular a Su Santidad Bartolomé I, Patriarca de Constantinopla, y a Su Gracia Rowan Williams, Arzobispo de Canterbury. Un saludo especial a los Patriarcas y a los Arzobispos Mayores de las Iglesias Católicas Orientales, y a los Presidentes de las Conferencias Episcopales. Para rememorar el Concilio, en el que algunos de los aquí presentes – a los que saludo con particular afecto – hemos tenido la gracia de vivir en primera persona, esta celebración se ha enriquecido con algunos signos específicos: la procesión de entrada, que ha querido recordar la que de modo memorable hicieron los Padres conciliares cuando ingresaron solemnemente en esta Basílica; la entronización del Evangeliario, copia del que se utilizó durante el Concilio; y la entrega de los siete mensajes finales del Concilio y del Catecismo de la Iglesia Católica, que haré al final, antes de la bendición. Estos signos no son meros recordatorios, sino que nos ofrecen también la perspectiva para ir más allá de la conmemoración. Nos invitan a entrar más profundamente en el movimiento espiritual que ha caracterizado el Vaticano II, para hacerlo nuestro y realizarlo en su verdadero sentido. Y este sentido ha sido y sigue siendo la fe en Cristo, la fe apostólica, animada por el impulso interior de comunicar a Cristo a todos y a cada uno de los hombres durante la peregrinación de la Iglesia por los caminos de la historia.

miércoles, 10 de octubre de 2012

Presentación del Año de la Fe

Intervención de Mons. Esteban Escudero. Obispo de Palencia



Intervención de Txomin Pérez. Director de la Oficina de Comunicación de la Diócesis

Arranca el Año de la Fe


Mañana, 11 de octubre de 2012, a las 10.00 de la mañana desde la basílica de San Pedro de la Ciudad del Vaticano, Benedicto XVI declara inaugurado el Año de la Fe. Una apertura que tendrá su continuación en nuestra diócesis, con la Eucaristía que Mons. Escudero presidirá en la catedral de Palencia.

Un acontecimiento eclesial de gran trascendencia que tiene como objetivo revitalizar la Iglesia Católica, y «reavivar nuestra comunión con el Señor, profundizar en el contenido de la fe cristiana, impulsándonos a dar testimonio de nuestra fe en la sociedad, moviéndonos a un mayor compromiso en el mundo», según nuestro obispo en la presentación a los medios de comunicación del Año de la Fe.

D. Esteban, recordó que los tres grandes acontecimientos que está viviendo la Iglesia durante estos días. Así, el pasado domingo Benedicto XVI proclamó como Doctores de la Iglesia universal a San Juan de Ávila (Patrón del Clero español) y a Hildegarda de Bingen, proponiéndolos como ejemplo de santidad y faros para la Nueva Evangelización que hoy necesita la Iglesia. También se ha dado comienzo al Sínodo especial de Obispos sobre la Nueva Evangelización. Y por fin… el inicio del Año de la Fe, que celebraremos hasta el 24 de noviembre de 2013, festividad de Cristo Rey.

Nuestro Obispo recordó que ya Pablo VI, en 1967, declaró un Año de la Fe, un año de profundización en la fe católica «en vísperas del famoso Mayo del 68, dentro del ambiente cultural que se respiraba, con problemas sociales, religiosos y culturales». Ahora Benedicto XVI, en el momento de cambio cultural que vivimos, ha proclamado otro Año de la Fe. «Aunque las circunstancias culturales y sociales no son las mismas -señaló D. Esteban- hay semejanza en la motivación y en el contenido».

viernes, 5 de octubre de 2012

Es necesario volver a Dios para que el hombre vuelva a ser hombre


Homilía del Papa en el Santuario de Loreto

4 de octubre de 2012

Señores cardenales,
venerados hermanos en el episcopado, queridos hermanos y hermanas.

El cuatro de octubre de 1962, el beato Juan XXIII vino en peregrinación a este Santuario para encomendar a la Virgen María el Concilio Ecuménico Vaticano II, que se inauguró una semana después. En aquella ocasión, él, que tenía una profunda y filial devoción por la Santísima Virgen, se dirigió a ella con estas palabras: « Hoy, una vez más, y en nombre de todo el Episcopado, a Vos, dulcísima Madre, que eres llamada Auxilium Episcoporum, pedimos para Nosotros, obispo de Roma y para todos los obispos del universo, que nos obtengas la gracia de entrar en el aula conciliar de la Basílica de San Pedro como entraron, en el Cenáculo, los Apóstoles y los primeros discípulos de Jesús: un corazón solo, una sola palpitación de amor a Cristo y a las almas, un solo propósito de vivir y de inmolarnos por la salvación de los individuos y de los pueblos. Así, por vuestra maternal intercesión, en los años y en los siglos futuros, se pueda decir que la gracia de Dios ha precedido, acompañado y coronado el XXI Concilio Ecuménico, infundiendo en los hijos todos de la Santa Iglesia nuevo fervor, arranque de generosidad, firmeza de propósitos» (AAS 54 [1962], 727).


El signo de Loreto

Como hace cincuenta años, el obispo de Roma ha vuelto a Loreto. Entonces fue Juan XXIII -«ese Papa inolvidable», le ha definido su sucesor- quien invocó, en el primer viaje de un Pontífice después de más de un siglo, la protección de la Madre de Dios sobre el concilio, el mayor jamás celebrado y que precisamente en la fiesta de la maternidad de María estaba a punto de abrirse. Y es Benedicto XVI hoy, en un tiempo en que el papado se ha hecho también itinerante, quien realiza el mismo gesto en vísperas del cincuentenario de aquel día histórico y bendito.

Ocasión importante, por lo tanto, y que el Papa quiere no sólo celebrar, sino sobre todo acoger en su significado más auténtico para regresar a lo esencial: tener encendida y reavivar la llama de la fe, en una época que parece querer prescindir de Dios pero que de él, en cambio, tiene inconscientemente nostalgia y le busca, como a tientas. Desde los tiempos de las mujeres y los hombres que encontraron y conocieron a Jesús y fueron sus testigos, es ésta la realidad fundamental que con el paso de los siglos principalmente ha importado a los creyentes en Cristo.


martes, 2 de octubre de 2012

El próximo 11 de octubre...


El próximo 11 de octubre, la Iglesia universal se va a vestir de fiesta. Se cumplen 50 años de la inauguración por Juan XXIII del Concilio Vaticano II y 20 años de la publicación por Juan Pablo II del Catecismo de la Iglesia Católica.

El 11 de octubre también se pone en marcha, convocado por Benedicto XVI, con su carta apostólica “Porta Fidei”, el Año de la Fe. Todos los católicos palentinos ya podemos “señalar en rojo” esta fecha en nuestro calendario y acudir la Catedral donde, presididos por nuestro Obispo, inauguraremos este gran acontecimiento.

La intención del Año de la Fe “ayudar a todos los creyentes en Cristo a que su adhesión al Evangelio sea más consciente y vigorosa” y suscitar en todo creyente “la aspiración a confesar la fe con plenitud y renovada convicción, con confianza y esperanza”. Así, nos unimos a los deseos del Papa, esperando que “el testimonio de vida de los creyentes sea cada vez más creíble” en este “tiempo de gracia espiritual que el Señor nos ofrece para rememorar el don precioso de la fe”.


viernes, 28 de septiembre de 2012

El Logotipo del Año de la Fe

 
El logotipo oficial del Año de la Fe tiene un simbolismo profundo que conviene conocer y ayudar a descubrir a otros: La barca es imagen de la Iglesia, cuyo mástil es una cruz con las velas desplegadas y el trigrama de Cristo (IHS). El sol en el fondo, recuerda la Eucaristía.

Como nos recuerda el Papa Benedicto XVI en su Carta Apostólica Porta Fidei: “Hoy es necesario un compromiso eclesial más convencido a favor de una nueva evangelización para redescubrir la alegría de creer y volver a encontrar el entusiasmo de comunicar la fe”.

“Es el amor de Cristo -dice el Papa- el que llena nuestros corazones y nos impulsa a evangelizar. Hoy como ayer, él nos envía por los caminos del mundo para proclamar su Evangelio a todos los pueblos de la tierra. Con su amor, Jesucristo atrae hacia sí a los hombres de cada generación: en todo tiempo convoca a la Iglesia y le confía el anuncio del Evangelio, como un mandato que es siempre nuevo”.

Más allá de lo estético, pretende ser ocasión para la reflexión sobre el significado de este año para los cristianos.