viernes, 2 de noviembre de 2012

IV - Creo en Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo

Mons. Esteban Escudero

La pregunta por Dios. Son muchos los millones de personas que creen en Dios. Los musulmanes rezan cinco veces al día a Alá, el Dios único, Creador y Juez del mundo. Los hindúes afirman que todo en el mundo procede de Brahma, aunque luego adoran multitud de dioses y diosas. Los budistas guardan silencio ante el misterio de Dios y sólo esperan que, tras la supresión de todo deseo en el mundo, gozar al final de la gran paz del Nirvana. Así podríamos ir describiendo las distintas representaciones que tienen de Dios, o de los dioses en el caso del politeísmo, las distintas religiones que se han dado en la historia de la humanidad. Por eso, a todo creyente le puede asaltar en algún momento estas preguntas: ¿todas las religiones son iguales? ¿Hablan todas de la misma forma de Dios? ¿Son todas las representaciones de Dios igualmente verdaderas? ¿Cómo es el Dios verdadero? ¿Será el cristianismo tan sólo una forma, igual que las otras, de hablar de Dios?

La manifestación de Dios. Aunque parezca extraño decirlo, sólo Dios se conoce a sí mismo y lo que los hombres hemos dicho de él a lo largo de la historia han sido siempre aproximaciones, basadas en las huellas que él ha dejado en la naturaleza creada, en las experiencias de los místicos de todas las religiones o en las imágenes que cada persona se ha ido formando de él en su vida. Al igual como ocurre con cualquier persona de nuestro alrededor, de la que conocemos la intimidad de lo que ella es, es decir, sus sentimientos, sus anhelos, sus temores, sus proyectos etc., sólo cuando se nos abre en la confidencia y nos habla de sí misma, igual pasa con Dios. Sólo cuando él se nos ha manifestado y nos ha hablado de sí mismo, podemos decir que nos estamos acercando a un conocimiento más verdadero de él, aunque nunca la inteligencia finita del hombre podrá comprender plenamente el misterio de Dios.

La revelación de Dios a la humanidad. En la antigüedad, Dios se manifestó al pueblo de Israel. La revelación de Dios tuvo lugar en varios momentos, destacando la vocación de Abrahán, la teofanía (manifestación de Dios a Moisés) del monte Sinaí, en la que reveló su nombre “Yahveh”, el testimonio de los profetas, los salmos, etc., recogido todo ello en lo que los cristianos llamamos Antiguo Testamento. Pero, sólo en la “plenitud de los tiempos”, Dios se ha revelado abiertamente al hombre en la persona de Jesucristo, el Hijo de Dios encarnado. Nos dice el evangelista San Juan: “A Dios nadie lo ha visto jamás: Dios unigénito, que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer” (Jn 1, 18). Así pues, oyendo a Jesucristo, hemos oído la Palabra de Dios hecha hombre; viendo a Jesucristo, hemos visto a Dios hecho uno de nosotros; encontrando a Jesucristo, los hombres hemos encontrado a Dios. En Jesucristo, pues, podemos decir que hemos conocido de verdad a Dios.

La Santísima Trinidad. Jesús, el Hijo de Dios, se nos ha manifestado como Dios, en gloria y majestad, especialmente en su resurrección y ascensión al cielo. Y nos ha hablado de su Padre, al que él llamaba cariñosamente Abba. Y tras su Ascensión al cielo envió al Espíritu Santo sobre la Iglesia primitiva y nos prometió que su Espíritu nos acompañaría siempre en su Iglesia. Así pues, tras la revelación de Jesucristo al mundo, Dios se nos ha manifestado como Padre, Hijo y Espíritu Santo, es decir como la Santísima Trinidad. Que no podamos comprender racionalmente a Dios, trino y uno al mismo tiempo, no es de extrañar. Tampoco un animal, por mucho que esté siempre en una casa conviviendo con sus dueños, nunca podrá entender la realidad íntima de la persona de sus amos. Y la diferencia entre la inteligencia animal y la humana no es nada comparada entre el ser limitado del hombre y el Ser infinito de Dios.

El testimonio de la Iglesia. En el Prefacio de la fiesta de la Santísima Trinidad, la Iglesia confiesa el misterio de Dios dirigiendo esta plegaria al Padre: “Con tu único Hijo y el Espíritu Santo eres un solo Dios, un solo Señor, no una sola Persona, sino tres Personas en una sola naturaleza. Y lo que creemos de tu gloria, porque tú lo revelaste, lo afirmamos también de tu Hijo y también del Espíritu Santo, sin diferencia ni distinción. De modo que al proclamar nuestra fe en la verdadera y eterna divinidad, adoramos tres Personas distintas, de única naturaleza e iguales en su dignidad”.

La estructura del Credo. Además, todos los domingos, los cristianos confesamos nuestra fe en Dios, que se nos ha manifestado como Dios Padre Creador, como Dios Hijo Redentor y como Dios Espíritu Santo Santificador. Por eso, si nos preguntamos ¿Cuál es el misterio central de la fe y de la vida cristiana?, tenemos que responder con el catecismo: El misterio central de la fe y de la vida cristiana es el misterio de la Santísima Trinidad. Los cristianos somos bautizados en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.


TEXTOS DEL COMPENDIO DEL CATECISMO

45. ¿Puede la razón humana conocer, por sí sola, el misterio de la Santísima Trinidad? Dios ha dejado huellas de su ser trinitario en la creación y en el Antiguo Testamento, pero la intimidad de su ser como Trinidad Santa constituye un misterio inaccesible a la sola razón humana e incluso a la fe de Israel, antes de la Encarnación del Hijo de Dios y del envío del Espíritu Santo. Este misterio ha sido revelado por Jesucristo, y es la fuente de todos los demás misterios.

46. ¿Qué nos revela Jesucristo acerca del misterio del Padre? Jesucristo nos revela que Dios es «Padre», no sólo en cuanto es Creador del universo y del hombre sino, sobre todo, porque engendra eternamente en su seno al Hijo, que es su Verbo, «resplandor de su gloria e impronta de su sustancia» (Hb 1, 3).

47. ¿Quién es el Espíritu Santo, que Jesucristo nos ha revelado? El Espíritu Santo es la tercera Persona de la Santísima Trinidad. Es Dios, uno e igual al Padre y al Hijo; «procede del Padre» (Jn 15, 26), que es principio sin principio y origen de toda la vida trinitaria. Y procede también del Hijo (Filioque), por el don eterno que el Padre hace al Hijo. El Espíritu Santo, enviado por el Padre y por el Hijo encarnado, guía a la Iglesia hasta el conocimiento de la «verdad plena» (Jn 16, 13).

48. ¿Cómo expresa la Iglesia su fe trinitaria? La Iglesia expresa su fe trinitaria confesando un solo Dios en tres Personas: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Las tres divinas Personas son un solo Dios porque cada una de ellas es idéntica a la plenitud de la única e indivisible naturaleza divina. Las tres son realmente distintas entre sí, por sus relaciones recíprocas: el Padre engendra al Hijo, el Hijo es engendrado por el Padre, el Espíritu Santo procede del Padre y del Hijo. 

ORACIÓN

Dios, padre todopoderoso, que has enviado al mundo la Palabra de la verdad y el Espíritu de la santificación para revelar a los hombres tu admirable misterio, concédenos profesar la fe verdadera, conocer la gloria de la eterna Trinidad y adorar su Unidad todopoderosa. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén

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